Plataformas y Perspectivas

El PRI logra una clara mayoría en cuanto al Poder Ejecutivo federal y en entidades. Tendrá mayoría legislativa y deberá ser responsable por los avances y fracasos del país.

En el pasado proceso electoral de nuestro país hemos demostrado que tenemos una democracia precaria, sin duda, pero la organización, votación, supervisión, conteo y programa de resultados preliminares son prueba de avances en materia democrática. La participación registrada — según datos oficiales — fue de 50 millones 323 mil 152 ciudadanos, es decir, 63.34 por ciento de una lista nominal de aproximadamente 70 millones de mexicanos. Sobre la organización, vigilancia y conteo de votos en el proceso electoral el IFE informó que 572 mil 520 mexicanos participaron en las 143 mil 130 casillas instaladas. No podemos eludir que existieron irregularidades en el pasado proceso electoral; sin embargo, mientras los tribunales en base a las pruebas y fundamentación jurídica de los agraviados no resuelvan las impugnaciones, no veo razón para, con golpes de pecho, descalificar a los ganadores. El clientelismo es un fruto indebido (así, indebido) aprovechado por todos los partidos; el PRD – principal quejoso – no puede excusarse de no haberse apropiado de la estructura priísta en el DF que, además de un trabajo bien calificado por sus gobernados, les dé un resultado muy favorable y una mayoría legislativa propia de los mejores momentos del PRI en la capital. Por lo que a pesar de la inequidad electoral, Enrique Peña Nieto será el próximo Presidente de México.

Después del 1 de julio la configuración política de nuestro país sufrirá cambios, principalmente con la alternancia en el Gobierno Federal y cuatro estados (Chiapas y Jalisco para el PRI; Morelos y Tabasco para el PRD). Mientras que únicamente tres entidades continuarán gobernados por el mismo partido político (Guanajuato, PAN; Yucatán, PRI; Distrito Federal, PRD). Con estos resultados el PRI gobernará 22 entidades, el PAN 6 y las ‘izquierdas’ 4. El PRI logra una clara mayoría en cuanto al Poder Ejecutivo federal y en entidades.

Por otro lado, el Congreso de la Unión tendrá una configuración mucho más equilibrada. En la Cámara de Diputados el reparto será de la siguiente forma: PRI tendrá 207 escaños; PAN, 114; PRD, 101; PVEM, 33; PT,19; MC, 16 y, PANAL, 10. En el Senado de la República será de la siguiente forma: PRI tendrá 52 escaños; PAN, 38; PRD, 22; PVEM, 9; PT, 2; MC, 2 y, PANAL 1. Con esto debemos abrir el juego legislativo, que no es tan lineal como poner etiquetas de izquierdas y derechas. Las ‘izquierdas’, en teoría, tienen 136 espacios para la LXII Legislatura de la Cámara de Diputados, sin embargo, en la actual existieron votaciones en las que dicho bloque operó de forma dividida. Por ejemplo, los consejeros del IFE. Derivado de esto, no considero que se deba dividir en tercios más allá de una generalidad; las votaciones particulares pueden ser diferentes dependiendo de los grupos e interés de los mismos.

Por lo que me remito a que el PRI, habiendo plena asistencia en la San Lázaro, tendrá mayoría simple considerando que es la opción política con mayor número de votos en bloque. Si se cruzan números y se hacen juegos podrían estar empatados si, con plena asistencia de los diputados se da la siguiente confrontación numérica: PRI-PVEM-PANAL vs. PAN-PRD-PT-MC, dando como resultado 250 a 250 por fracción. Reitero, se puede dar este juego, pero serán casos contados -muy- en los que se dará esta configuración, ya lo verán. Por lo que en aras de proyectar y hacer presión política mucho más eficiente los partidos de oposición y ciudadanos debemos encontrar y enfocarnos primordialmente a que se aprueben aquellos puntos en los que la tres plataformas electorales de los partidos coinciden — sí, hay coincidencias y, no, no son lo mismo — y ordenarlas por relevancia. Abordaré los temas prioritarios en los próximos textos con sus aristas con una comparación de la plataformas basándome en el PRI contra las plataformas de la oposición para encontrar coincidencias y obligar una agenda concreta a corto y mediano plazo.

En conclusión, el PRI venció en el pasado proceso electoral y por ningún motivo podrá renunciar a la enorme responsabilidad de llevar la batuta programática de la Nación al tener mayoría parlamentaria en ambas cámaras, gobierno federal y 22 gobiernos locales con mayoría en todos ellos. Son responsables de la gobernabilidad federal y subnacional, debiendo aprobar las reformas estructurales pendientes que bloquearon mientras fueron oposición impidiendo la transformación del país en aras de la rentabilidad electoral que les pagó bien. El reto del PAN y PRD es actuar como oposición con brújula.

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