Tragedias Aéreas y Política Internacional

El pasado 17 de Julio cayó el avión Malaysia Airlines 17 (MH17) en Donetsk, al Este de Ucrania. En los últimos meses parece que existe un fenómeno recurrente de aviones que caen o desaparecen, una crisis en la aeronáutica civil. Sin embargo, más que ser una crisis generalizada, son actos aislados de alto impacto. Los ejemplos son varios y entre los más significativos se encuentran el Pan Am 103 (mejor conocido como el caso Lockerbie) en 1988 y los aviones del 9/11.

Este tipo de sucesos en que se induce el daño a un avión durante un vuelo está regulado por la Convención para la Supresión de Actos Ilegales Contra la Seguridad de la Aviación Civil (Convención de Montreal), instrumento aplicable en vuelos internacionales. En base a esto, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (CSONU) adoptó la resolución 2166 en la que establece la necesidad de seguir tres etapas para atender la tragedia del MH17: investigación, atribución y sanción.

Primero, la investigación como punto de partida. El resguardo cumple dos funciones importantes. Por un lado, permite identificar los cuerpos y regresarlos a sus familias en sus respectivos países. En el caso del MH17, la mayoría de los tripulantes eran de origen holandés. Hace unos días, el Almirante James Stavridis, quien fuera Comandante Supremo de las Fuerzas Aliadas de la OTAN, señaló en una entrevista para NPR que un atentado a 200 ciudadanos para una país de 15 millones como Holanda, es equivalente a un ataque como el 9-11. Por ende, el acceso a el proceso de recuperación de los cuerpos y su debida atención por los familiares es de suma importancia. Por otro lado, recabar evidencia que permita identificar con el más alto estándar a los responsables de los delitos. Independientemente que se tiene conocimiento que se utilizaron misiles SA-11, mejor conocidos como BUK, provenientes de Rusia, no implica que sea un ataque proveniente de Rusia como Estado; aunque se puede afirmar que son proxies que utilizan el armamento y recursos rusos. Putin en un pronunciamiento recalcó que el atentado se dio en territorio ucraniano y, por ende, son a primera vista responsables de la investigación y del ataque.

Segundo, la atribución de la tragedia es una de las partes más complejas de este caso. En circunstancias normales, a primera vista, el territorio en el cual se ejecutó sería el primer actor que requeriría deslindarse de responsabilidad. En el caso de Ucrania es lo más complejo: la zona donde cayó el avión es Donetsk, en el Este de Ucrania que tiene una importante presencia de activista pro-rusos que buscan la anexión de esa parte del país a Rusia o en algunos casos, su libre determinación.

Tercero, sancionar a los responsables. Aquí hay dos niveles: el criminal y el político. El primer nivel te diría que cualquier Estado que pueda ejercer su jurisdicción bajo los supuestos establecidos en la Convención de Montreal o por la afectación de sus nacionales, tiene el “derecho” a buscar la sanción. Por ejemplo, de responsabilizar a un civil, nacional de Ucrania, colocaría la responsabilidad en Ucrania para realizar el juicio o la extradición. Para efectos de la extradición requiere que los países involucrados tengan un acuerdo en esta materia; de lo contrario, pueden establecerlo de forma ad hoc utilizando la Convención de Montreal como recurso. De no hacerlo, seguramente el solicitante puede utilizar un esquema de complementariedad internacional, ejercer jurisdicción y buscar la presión política para extraditar, como en el caso Lockerbie. Que no es un escenario descabellado considerando que Putin ejerce un mayor control en esa región de Ucrania que el mismo gobierno. En el segundo nivel las circunstancias son muy complejas. Ucrania enfrenta un conflicto interno a causa de la influencia de Occidente y la de Rusia. La primer parada de los rusos fue Crimea y de ahí han ocupado políticamente el Este de Ucrania. Ante esto, ¿qué puede hacer Occidente? existen al menos dos rutas posibles. Por un lado, ampliar el régimen de sanciones establecido en contra de Rusia. Desde que inició el conflicto en Ucrania y las sanciones de Occidente comenzaron, 75 mil millones de dólares han salido del mercado ruso y la Inversión Extranjera Directa (IED) se pronostica caerá de 80 mil millones de dólares en 2013 a 41 mil millones de dólares este año. Esta situación coloca presión doméstica en contra de Putin. La otra parte de la moneda es que la presión la ejerce un sector reducido; de hecho, Putin goza la aprobación doméstica más alta en su historia política. Por otro lado, cooperación militar de Occidente a través de la OTAN con Ucrania. Esto no implica asociar inmediatamente botas en el suelo o poder aéreo. Sin embargo, sí incluye compartir información, ciber operaciones, equipo letal y no letal, asistencia técnica que coopere con el ejército de Ucrania en el Este, entre otras cosas. Esto permitiría el fortalecimiento de Ucrania vis-à-vis los rebeldes proxies de Rusia sin necesariamente tener como consecuencia un conflicto de mayor escala.

La parte más interesante de las rutas disponibles es que no son excluyentes entre sí—pueden adoptar la prelación deseada o ser simultáneas. El objetivo en mente, independientemente de las medidas, debe ser doble. En primera instancia, evitar la proliferación de actos ilícitos contra la aviación civil. Esta semana otro avión de Air Algerie se impactó al Norte de Mali con 118 personas más la tripulación. Las ramificaciones de no controlar estos hechos puede ser devastadora. En una segunda instancia, debe ser presionar a Rusia para que ejerza su liderazgo sobre los rebeldes pro rusos y ceda en su agenda tipo Moroe. Si bien es cierto que hasta ahorita las sanciones no han sido un factor de cambio, sí comienza a afectar los cálculos estratégicos en la política exterior del Kremlin y ello debe ser aprovechado por occidente para limitar el espacio de Rusia en la región. Por otro lado, la cooperación militar de la OTAN debe tomar lugar en cuanto antes para hacer las operaciones en Donetsk y en el resto del Este más efectivas. El juego ruso debe controlarse y garantizar al pueblo de Ucrania la posibilidad de determinar su futuro libremente, sin su presión externa.

Juan Alberto Salinas Macías
Profesor en ITESO
@SalinasJA

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